Entre el realismo mágico, lo real maravilloso y la ficción políticamente correcta 

Por Pablo Testa

 

narcos

“El realismo mágico se define como un entorno realista y detallado que se ve invadido por algo tan extraño que resulta increíble.

No por nada el realismo mágico nació en Colombia”.

Narcos s01e01

 

La frase con la que abre la serie Narcos (1) nos mete de lleno en uno de los dos planos que tiene la serie, y que va a dominar la primer parte de la temporada uno de la producción.

La cita, que nos adentra en el mundo de lo literario, permite retomar una vieja discusión entre el Realismo mágico de Gabriel García Marquéz y lo Real maravilloso de Alejo Carpentier. Carpentier se pregunta en la Introducción de El reino de este mundo (2)¿Pero qué es la historia de América toda sino una crónica de lo real-maravilloso?”. Para Carpentier, lo real maravilloso es parte de la realidad de estas tierras (no es algo extraño que invade, como plantea la cita inicial), basta tomar un puñado de tierra en sus manos para encontrarlo, dicho en sus palabras.

La historia de Narcos está más cerca de lo real maravilloso que del realismo mágico. No hay nada extraño en el mundo que nos cuenta la serie para los habitantes colombianos. Lo extraño puede ser para el público norteamericano al cual apunta originalmente la serie -que es producto de la popularidad internacional que obtuvo la colombiana “Escobar, el patrón del mal” (3). Así, lo inverosímil de la serie juega con lo verosímil de la realidad. Uno se ve fascinado por ese mundo no por su ficción, sino por la posibilidad de ser real. Como un contrabandista se convierte en uno de los hombres más ricos del país, el nivel de impunidad al que llegan, la frialdad para asesinar y, quizás sobre todo, el desconocimiento de qué hacer con tanto dinero. Escobar era famoso por tener su propio zoológico en sus tierras. En la serie se ve que, cuando ya no pueden lavar más dinero (era dueño de la compañía de taxis más “rentable” del planeta) deciden directamente enterrar la plata. Como los viejos piratas, como en La isla del tesoro de R. L. Stevenson. El gran capital de Narcos es haber acertado en mostrar allí donde la realidad supera a la ficción. Pero una realidad no ajena a la realidad efectiva del país, sino una realidad que se encuentra levantando un puñado de tierra con la mano, como dice Alejo Carpentier.

Donde la serie cae (lamentablemente, y sepa disculpar el spoiler), es cuando se centra en la ficción. O en la ficcionalización de la realidad. Cuando la serie le gana a la realidad. Esto se ve en dos planos. Uno, en los pensamientos políticos de Pablo Escobar. En la serie, Pablo se candidatea como parlamentario, a lo que accede con una campaña demagógica (otra de las soluciones a no saber qué hacer con tanta plata era regalarla en los actos de Pablo). Pablo es votado, pero debe renunciar a su banca por su conexión con la droga. Según algunos estudios, el interés fue inverso, y fueron políticos colombianos quienes buscaron a escobar como candidato. Eso es lo de menos. Lo nada creíble son las declaraciones de Escobar sobre la justicia “Este es un país sin justicia”, su auto-referencia a “haberse hecho de abajo” cuando escaló meteóricamente debido al narcotráfico, o cuando se postula como hombre del pueblo y justo. Aquí lo que no cierra por ningún lado es el personaje de ficción, una especie de Jekyll y Hide latinoamericano, el “Robin Hood paisa” lo llaman en la serie como un hombre de dos caras, un asesino y narcotraficante despiadado y un hombre popular y “de bien”, donde ninguna de las dos caras conoce a la otra. Tampoco cierran por planos los personajes de la familia de Escobar, madre y esposa, en una especie de letarguia eterna, donde en ningún momento de la serie hacen un juicio de valor, positivo o negativo, sobre las actividades de Pablo.

El otro plano es el accionar americano. Dos detectives que parecen sacados de las dos temporadas de True Detective y, por sobre todas las cosas, una embajadora (que actúa como superiora y autoridad de ambos) absolutamente buena, soldado de la justicia e incorruptible, que vive en la embajada y jamás sale de ella.

La pregunta que la serie no responde, que probablemente no pueda responder, la realiza el Viceministro de Justicia a la embajadora norteamericana en Colombia. Si están tan preocupados por terminar con el narcotráfico, por qué no frenan el negociado narco en Estados Unidos, principal consumidor de la droga producida en Colombia. La embajadora, como el resto de la serie, se queda en silencio.


(1) “Narcos”, 2015, producción original de Netflix (Estados Unidos), director José Padilha.

(2) Carpentier, Alejo, El reino de este mundo, 1949

(3) “Escobar, el patrón del mal”, 2012, producción de Caracol Televisión (Colombia), director Carlos Moreno.

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3 comentarios sobre “Narcos

  1. Alejo Carpentier y lo real maravilloso

    Lo real-maravilloso es un concepto que acuña Carpentier para referirse a la realidad americana. Se relaciona con lo barroco.
    Collard(1) explica lo maravilloso: Lo maravilloso no es bello por fuerza; ni es bello ni es feo: es asombroso, por lo insólito. Todo lo insólito, todo lo asombroso, todo lo que sale de las normas establecidas es maravilloso y lo real-maravilloso es lo que encontramos en estado bruto, latente, omnipresente en todo lo latinoamericano.
    Carpentier no apela a las capacidades creadoras del escritor sino a su creencia. Al regresar a América (de su exilio en Europa), Carpentier redescubre el Nuevo Mundo y se decide a celebrarlo en su obra. Rechaza el surrealismo europeo, postulando lo real-maravilloso como la única fuente auténtica de la creación literaria y su realidad maravillosa americana supera la literatura europea. Carpentier busca no sólo su propia identidad, sino la de toda Hispanoamérica. Construye puentes entre el Nuevo Mundo y el Viejo.
    (Mientras Carpentier apela a la fe de los escritores en lo real-maravilloso, García Márquez reclama la voluntad de escritor de representar lo real como mágico).
    Alejo Carpentier supo bien que la historia de América Latina no es sino una crónica de lo maravilloso en lo real y así lo expresó él mismo. Simplemente la expresión que eligió, “lo real-maravilloso” ya nos dice bastante: en Hispanoamérica la realidad llega a ser confundida con lo maravilloso.

    (1) Collard, P. (1991), Cómo leer a Alejo Carpentier, Barcelona: Júcar.

    Extraído y adaptado de:
    María del Mar ROIG GUERRERO, “ALEJO CARPENTIER Y LO REAL-MARAVILLOSO”
    http://www.ual.es/revistas/PhilUr/pdf/PhilUr1.2009.Roig.pdf

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    1. Realismos
      El día en que los hombres pusieron los pies en la luna, fue día de derrota para los novelistas del mundo entero.
      Alejo Carpentier (en la conferencia dictada en la Universidad de Yale en 1979)

      Recordando la conocida frase que reza acerca de que “la única verdad es la realidad”, la literatura del siglo XX se podría considerar el arte de mentir y que guste. En un juego de multiplicación y variación de lo que quizás es una de las principales cuestiones en la conceptualización del arte – esto es la relación del arte con la realidad de la cuál emerge y es parte -, estos realismos generan todo tipo de grados de correspondencia y relaciones arte/realidad. [Hauser].
      En el caso de Alejo Carpentier y su concepto de lo “real maravilloso” – que comprende un período de su obra – el mismo emerge como diferenciación con respecto a – por lo menos -, otros dos conceptos de realidad en lo literario. Uno de ellos, el que tuvo al propio como Carpentier como animador, el Afrocubanismo – asimilable a un nacionalismo [Guillén] – como búsqueda de una identidad propia en la cultura de los esclavos negros, representado principalmente por su novela “Ecue Yamba O” que escribió estando preso bajo la dictadura de Machado y pudo publicar muchos años después ya exiliado en Europa. El otro concepto, justamente de cuño europeo y dominante en la vanguardia para el tiempo de su exilio es el del Surrealismo. Quien mejor que el propio Carpentier para explicitar la diferenciación: “…El detector de fantasmas
      Los dos años que había proyectado vivir en París se extendieron a once. Desde mi llegada, Desnos me presentó a Bretón, que me invitó a colaborar en Revolution surréaliste. En su redacción conocí a Aragón, Tzara, Eluard, Sadoul, Benjamín Peret y, en fin, a todo el grupo surrealista; a los pintores Chirico, Ives Tanguy y Picasso, que iba por allí a ratos. Chirico andaba siempre con un espejito que decía que era un detector de fantasmas. Se lo ponía a uno adelante para asegurarse que no era un fantasma. (…) Me pareció una tarea vana mi esfuerzo surrealista, no iba a añadir nada a este movimiento. Tuve una reacción contraria. Sentí ardientemente el deseo de expresar el mundo americano. Aún no sabía cómo. Me alentaba lo difícil de la tarea por el desconocimiento de las esencias americanas. Me dediqué durante largos años a leer todo lo que podía sobre América, desde las cartas de Cristóbal Colón, pasando por el Inca Garcilaso hasta los autores del siglo dieciocho. Por espacio de casi ocho años creo que no hice otra cosa que leer textos americanos. América se me presentaba como una enorme nebulosa, que yo trataba de entender porque tenía la oscura intuición de que mi obra se iba a desarrollar aquí, que iba a ser profundamente americana. Creo que al cabo de los años me hice una idea de lo que era este continente. He dicho que me aparté del surrealismo porque me pareció que no iba a aportar nada a él. Pero el surrealismo sí significó mucho para mí. Me enseñó a ver texturas, aspectos de la vida americana que no había advertido, envueltos como estábamos en la ola de nativismo traído por Güiraldes, Gallegos y José Eustasio Rivera. Comprendí que detrás de ese nativismo había algo más; lo que llamo los contextos: contexto telúrico y contexto épico-político: el que halle la relación entre ambos escribirá la novela americana.” [ Fragmento de Confesiones sencillas de un escritor barroco, entrevista que el escritor cubano César Lerante le hiciera a A. C. ; publicada en la revista Cuba , La Habana, abril de 1964.]
      En un texto de Introducción a la edición argentina de los “Ensayos selectos”, Celina Manzoni expone este derrotero: “El anhelo del americanismo literario, una declarada voluntad de independencia de los modelos europeos que por lo menos desde el romanticismo venía sustentando los proyectos de autonomización, obtuvo éxito de público y crítica con una literatura cuyos mayores exponentes fueron las que Juan Marinello llamó “novelas ejemplares”: La vorágine, Don Segundo Sombra y Doña Bárbara. Carpentier, que siempre exaltó esa novelística, introduce ahora, en el filo de los cincuenta, un movimiento reflexivo que por escondidas sendas se orientará a la modificación de los modos canónicos de representación de la cultura americana; se distancia de la estética del regionalismo pero sobre todo de la poética surrealista de la que se aparta, aunque fue fundamental en su formación, por lo que entiende como su fracaso: una “agotante pretensión de suscitar lo maravilloso” anulada por la “maravillosa realidad recién vivida” en tierras haitianas: “lo maravilloso comienza a serlo de manera inequívoca cuando surge de una inesperada alteración de la realidad (el milagro), de una revelación privilegiada de la realidad, de una iluminación inhabitual o singularmente favorecedora de las inadvertidas riquezas de la realidad, de una ampliación de las escalas y categorías de la realidad percibidas con particular intensidad en virtud de una exaltación del espíritu que lo conduce a un modo de “estado límite”. (…) Mientras que real maravilloso (fórmula creada por Massimo Bontempelli, como recuerda Mariátegui en 1930), es utilizada por Carpentier para referirse a situaciones, características del paisaje, hechos que se encuentran de manera latente en todo el continente y que se perciben como maravillosos, el realismo mágico sería el nombre de una estética europea que resulta de la combinación de elementos de la realidad en una atmósfera de sueño, un procedimiento similar al del surrealismo cuando fabrica una obra en la que el encuentro de elementos insólitos produce una sensación de singularidad. A diferencia del surrealismo que es una mera construcción, lo real maravilloso tal como lo redefine Carpentier es algo que en América está al alcance de la mano y que solo requiere una revelación que no puede ser menos que barroca.”
      Uno de sus principales estudiosos y gestor de la histórica conferencia en Yale de A.C., Roberto González Echevarría, en Alejo Carpentier: el peregrino en su patria, establece la siguiente caracterización (pg. 156): “…Carpentier, por su parte, adapta la versión surrealista para crear el trinomio, lo “real maravilloso americano”. Lo que provoca en los años cuarenta la resurrección del venerable oxímoron es: 1) por una parte el impulso mundonovista que lleva al intento de formular las bases de una literatura que sea auténticamente hispanoamericana, y 2) el deseo, por parte de escritores vanguardistas y a la vez de izquierda, de preservar el legado de la vanguardia contra los embates de otro binomio que había alcanzado vigencia en los años treinta, y que las corrientes neo-existencialistas, enroladas, de la segunda posguerra de nuevo esgrimían – el realismo socialista. [llamada : Rodríguez Monegal ,Lo real y lo maravilloso…, op. cit. ha notado la alusión negativa que hay en el prólogo a El reino de este mundo a Sartre y sus discípulos : ¨No por ello va a darse la razón, desde luego, a determinados partidarios de un regreso a lo real – término que cobra, entonces, un significado gregariamente político-, que no hacen sino sustituir los trucos de prestidigitador por los lugares comunes de literato enrolado o escatológico regodeo de ciertos existencialistas¨.]”
      Y continúa estableciendo diferenciaciones en el campo de lo latinoamericano (pg 159): “…La difusión del concepto durante este tercer momento, como era de esperar, – se refiere al realismo mágico – ha rebasado los límites de la crítica académica, y algunos escritores más recientes han aumentado la confusión invocándolo en declaraciones periodísticas. Gabriel García Márquez, por ejemplo, parece aludir al realismo mágico (nunca sabremos con cuanta seriedad) al referir en una entrevista-entre otros sucesos “típicos” del continente- la historia de unos pescadores argentinos que sacan en sus redes jirafas, leones y elefantes que una tempestad había arrancado el día anterior de un circo en Comodoro Rivadavia. [Armando Durán, “Conversaciones con Gabriel García Márquez”, en Revista Nacional de Cultura (Caracas), num. 39, 1968, p. 31]”
      De una forma concentrada, Guillermo Samperio en el prólogo para la edición conmemorativa de los 60 años de El reino de este mundo delimita conceptos. “Lo real maravilloso de Carpentier a menudo parece ser asimilado por el denominado posteriormente realismo mágico, donde Gabriel García Márquez es el representante natural. Ambos estilos muestran lo extraordinario como común, sobre todo porque no hay sorpresa de los personajes ante lo maravilloso, pero mientras que para Carpentier es necesaria la fe:
      Mackandal estaba ya adosado al poste de las torturas. El verdugo había agarrado un rescoldo con las tenazas. Repitiendo un gesto estudiado la víspera frente al espejo, el gobernador desenvainó la espada de corte y dio orden de que se cumpliera la sentencia. El fuego comenzó a subir hacia el manco, sollamándole las piernas. En ese momento, Mackandal agitó su munión que no habían podido atar, en un gesto conminatorio que no por menguado era menos terrible, aullando conjuros desconocidos y echando violentamente el torso hacia adelante. Sus ataduras cayeron, y el cuerpo del negro se espigó en el aire, volando por sobre las cabezas, antes de hundirse en las ondas negras de esclavos.
      García Márquez lo realiza, sin embargo, a través de la exageración:
      …pidió ayuda para llevar a José Arcadio Buendía a su dormitorio. No sólo era tan pesado como siempre, sino que en su prolongada estancia bajo el castaño había desarrollado la facultad de aumentar de peso voluntariamente, hasta el punto de que siete hombres no pudieron con él y tuvieron que llevarlo a rastras a la cama.
      Como podemos notar, el recurso narrativo de Carpentier se instala con plenitud en “lo maravilloso”, mientras que el del colombiano sólo en el pobre recurso de la exageración.
      Por último me gustaría sumar a éste resumen de expertas opiniones, el cotejo de fragmentos de textos de diferente índole, que puede mostrar las resonancias en los ámbitos de la Historia y de la Literatura que lo real maravilloso americano posee:
      El 16 de marzo de 1781 estalló la rebelión de los comuneros en el Socorro, centro de una de las zonas económicas más activas de Nueva Granada. La multitud ocupó los depósitos, persiguió a los funcionarios, se apoderó de las rentas fiscales. (…) En la rebelión del Socorro actuó una masa que distaba de ser homogénea. (…) Apareció así un ala plebeya y revolucionaria de los comuneros encabezada por el mestizo José Antonio Galán. A esta altura la rebelión había tomado otra consigna: “¡Mueran los blancos!”, una expresión del alineamiento de los propietarios criollos – los “blancos”- con los colonizadores. En su campaña Galán ordenaba la libertad de los esclavos y hacia destruir los instrumentos de tortura que se usaban en las grandes haciendas. [La Revolución Clausurada; Christian Rath y Andrés Roldán]
      Un día –Mackandal- daría la señal del gran levantamiento, y los Señores de Allá, encabezados por Damballah, por el Amo de los Caminos y por Ogún de los Hierros, traerían el rayo y el trueno, para desencadenar el ciclón que completaría la obra de los hombres. En esa gran hora- decía Ti Noel-la sangre de los blancos correría hasta los arroyos, donde los Loas, ebrios de júbilo, la beberían de bruces, hasta llenarse los pulmones. [El reino de este mundo; Alejo Carpentier]
      Noel fue el negro que encabezó una de las luchas más importantes de los cimarrones de Fort Dauphin. Otro jefe cimarrón sobresaliente fue Francois Macandal, que- hacia mediados del siglo XVIII- logró huir del trapiche de Lenormand de Mézi, en el norte. En las montañas, nucleó a sus compañeros alrededor del Vudú. Era un gran orador, con fama de inmortal, iluminado y profeta. Un día, metió tres pañuelos en un vaso. Sacó el amarillo y dijo: “He aquí, los primeros habitantes de Saint Domingue eran amarillos. He aquí, los habitantes actuales, y enseño el pañuelo blanco. He aquí, en fin, los que serán los dueños de la isla; era el pañuelo negro.” Su influencia se extendió por todo el norte, que era lazona de mayor concentración esclava. En las veladas y prácticas mágicas se relataban las hazañas de Macandal, que finalmente fue apresado en enero de 1758. No obstante ser quemado en la hoguera, sus hermanos negros quedaron convencidos de que Francois no había muerto y que reaparecería para redimir a su gente. [Haití: primera nación independiente de américa latina; Luis Vitale en revista En Defensa del Marxismo N°34 Diciembre de 2006]
      Pablo Besser

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