El día en que los hombres pusieron los pies en la luna, fue día de derrota para los novelistas del mundo entero.
Alejo Carpentier (en la conferencia dictada en la Universidad de Yale en 1979)

Por Pablo Besser

Recordando la conocida frase que reza acerca de que “la única verdad es la realidad”, la literatura del siglo XX se podría considerar el arte de mentir y que guste. En un juego de multiplicación y variación de lo que quizás es una de las principales cuestiones en la conceptualización del arte – esto es la relación del arte con la realidad de la cuál emerge y es parte -, estos realismos generan todo tipo de grados de correspondencia y relaciones arte/realidad. [Hauser].
En el caso de Alejo Carpentier y su concepto de lo “real maravilloso” – que comprende un período de su obra – el mismo emerge como diferenciación con respecto a – por lo menos -, otros dos conceptos de realidad en lo literario. Uno de ellos, el que tuvo al propio como Carpentier como animador, el Afrocubanismo – asimilable a un nacionalismo [Guillén] – como búsqueda de una identidad propia en la cultura de los esclavos negros, representado principalmente por su novela “Ecue Yamba O” que escribió estando preso bajo la dictadura de Machado y pudo publicar muchos años después ya exiliado en Europa. El otro concepto, justamente de cuño europeo y dominante en la vanguardia para el tiempo de su exilio es el del Surrealismo. Quien mejor que el propio Carpentier para explicitar la diferenciación: “…El detector de fantasmas
Los dos años que había proyectado vivir en París se extendieron a once. Desde mi llegada, Desnos me presentó a Bretón, que me invitó a colaborar en Revolution surréaliste. En su redacción conocí a Aragón, Tzara, Eluard, Sadoul, Benjamín Peret y, en fin, a todo el grupo surrealista; a los pintores Chirico, Ives Tanguy y Picasso, que iba por allí a ratos. Chirico andaba siempre con un espejito que decía que era un detector de fantasmas. Se lo ponía a uno adelante para asegurarse que no era un fantasma. (…) Me pareció una tarea vana mi esfuerzo surrealista, no iba a añadir nada a este movimiento. Tuve una reacción contraria. Sentí ardientemente el deseo de expresar el mundo americano. Aún no sabía cómo. Me alentaba lo difícil de la tarea por el desconocimiento de las esencias americanas. Me dediqué durante largos años a leer todo lo que podía sobre América, desde las cartas de Cristóbal Colón, pasando por el Inca Garcilaso hasta los autores del siglo dieciocho. Por espacio de casi ocho años creo que no hice otra cosa que leer textos americanos. América se me presentaba como una enorme nebulosa, que yo trataba de entender porque tenía la oscura intuición de que mi obra se iba a desarrollar aquí, que iba a ser profundamente americana. Creo que al cabo de los años me hice una idea de lo que era este continente. He dicho que me aparté del surrealismo porque me pareció que no iba a aportar nada a él. Pero el surrealismo sí significó mucho para mí. Me enseñó a ver texturas, aspectos de la vida americana que no había advertido, envueltos como estábamos en la ola de nativismo traído por Güiraldes, Gallegos y José Eustasio Rivera. Comprendí que detrás de ese nativismo había algo más; lo que llamo los contextos: contexto telúrico y contexto épico-político: el que halle la relación entre ambos escribirá la novela americana.” [ Fragmento de Confesiones sencillas de un escritor barroco, entrevista que el escritor cubano César Lerante le hiciera a A. C. ; publicada en la revista Cuba , La Habana, abril de 1964.]
En un texto de Introducción a la edición argentina de los “Ensayos selectos”, Celina Manzoni expone este derrotero: “El anhelo del americanismo literario, una declarada voluntad de independencia de los modelos europeos que por lo menos desde el romanticismo venía sustentando los proyectos de autonomización, obtuvo éxito de público y crítica con una literatura cuyos mayores exponentes fueron las que Juan Marinello llamó “novelas ejemplares”: La vorágine, Don Segundo Sombra y Doña Bárbara. Carpentier, que siempre exaltó esa novelística, introduce ahora, en el filo de los cincuenta, un movimiento reflexivo que por escondidas sendas se orientará a la modificación de los modos canónicos de representación de la cultura americana; se distancia de la estética del regionalismo pero sobre todo de la poética surrealista de la que se aparta, aunque fue fundamental en su formación, por lo que entiende como su fracaso: una “agotante pretensión de suscitar lo maravilloso” anulada por la “maravillosa realidad recién vivida” en tierras haitianas: “lo maravilloso comienza a serlo de manera inequívoca cuando surge de una inesperada alteración de la realidad (el milagro), de una revelación privilegiada de la realidad, de una iluminación inhabitual o singularmente favorecedora de las inadvertidas riquezas de la realidad, de una ampliación de las escalas y categorías de la realidad percibidas con particular intensidad en virtud de una exaltación del espíritu que lo conduce a un modo de “estado límite”. (…) Mientras que real maravilloso (fórmula creada por Massimo Bontempelli, como recuerda Mariátegui en 1930), es utilizada por Carpentier para referirse a situaciones, características del paisaje, hechos que se encuentran de manera latente en todo el continente y que se perciben como maravillosos, el realismo mágico sería el nombre de una estética europea que resulta de la combinación de elementos de la realidad en una atmósfera de sueño, un procedimiento similar al del surrealismo cuando fabrica una obra en la que el encuentro de elementos insólitos produce una sensación de singularidad. A diferencia del surrealismo que es una mera construcción, lo real maravilloso tal como lo redefine Carpentier es algo que en América está al alcance de la mano y que solo requiere una revelación que no puede ser menos que barroca.”
Uno de sus principales estudiosos y gestor de la histórica conferencia en Yale de A.C., Roberto González Echevarría, en Alejo Carpentier: el peregrino en su patria, establece la siguiente caracterización (pg. 156): “…Carpentier, por su parte, adapta la versión surrealista para crear el trinomio, lo “real maravilloso americano”. Lo que provoca en los años cuarenta la resurrección del venerable oxímoron es: 1) por una parte el impulso mundonovista que lleva al intento de formular las bases de una literatura que sea auténticamente hispanoamericana, y 2) el deseo, por parte de escritores vanguardistas y a la vez de izquierda, de preservar el legado de la vanguardia contra los embates de otro binomio que había alcanzado vigencia en los años treinta, y que las corrientes neo-existencialistas, enroladas, de la segunda posguerra de nuevo esgrimían – el realismo socialista. [llamada : Rodríguez Monegal ,Lo real y lo maravilloso…, op. cit. ha notado la alusión negativa que hay en el prólogo a El reino de este mundo a Sartre y sus discípulos : ¨No por ello va a darse la razón, desde luego, a determinados partidarios de un regreso a lo real – término que cobra, entonces, un significado gregariamente político-, que no hacen sino sustituir los trucos de prestidigitador por los lugares comunes de literato enrolado o escatológico regodeo de ciertos existencialistas¨.]”
Y continúa estableciendo diferenciaciones en el campo de lo latinoamericano (pg 159): “…La difusión del concepto durante este tercer momento, como era de esperar, – se refiere al realismo mágico – ha rebasado los límites de la crítica académica, y algunos escritores más recientes han aumentado la confusión invocándolo en declaraciones periodísticas. Gabriel García Márquez, por ejemplo, parece aludir al realismo mágico (nunca sabremos con cuanta seriedad) al referir en una entrevista-entre otros sucesos “típicos” del continente- la historia de unos pescadores argentinos que sacan en sus redes jirafas, leones y elefantes que una tempestad había arrancado el día anterior de un circo en Comodoro Rivadavia. [Armando Durán, “Conversaciones con Gabriel García Márquez”, en Revista Nacional de Cultura (Caracas), num. 39, 1968, p. 31]”
De una forma concentrada, Guillermo Samperio en el prólogo para la edición conmemorativa de los 60 años de El reino de este mundo delimita conceptos. “Lo real maravilloso de Carpentier a menudo parece ser asimilado por el denominado posteriormente realismo mágico, donde Gabriel García Márquez es el representante natural. Ambos estilos muestran lo extraordinario como común, sobre todo porque no hay sorpresa de los personajes ante lo maravilloso, pero mientras que para Carpentier es necesaria la fe:
Mackandal estaba ya adosado al poste de las torturas. El verdugo había agarrado un rescoldo con las tenazas. Repitiendo un gesto estudiado la víspera frente al espejo, el gobernador desenvainó la espada de corte y dio orden de que se cumpliera la sentencia. El fuego comenzó a subir hacia el manco, sollamándole las piernas. En ese momento, Mackandal agitó su munión que no habían podido atar, en un gesto conminatorio que no por menguado era menos terrible, aullando conjuros desconocidos y echando violentamente el torso hacia adelante. Sus ataduras cayeron, y el cuerpo del negro se espigó en el aire, volando por sobre las cabezas, antes de hundirse en las ondas negras de esclavos.
García Márquez lo realiza, sin embargo, a través de la exageración:
…pidió ayuda para llevar a José Arcadio Buendía a su dormitorio. No sólo era tan pesado como siempre, sino que en su prolongada estancia bajo el castaño había desarrollado la facultad de aumentar de peso voluntariamente, hasta el punto de que siete hombres no pudieron con él y tuvieron que llevarlo a rastras a la cama.
Como podemos notar, el recurso narrativo de Carpentier se instala con plenitud en “lo maravilloso”, mientras que el del colombiano sólo en el pobre recurso de la exageración.
Por último me gustaría sumar a éste resumen de expertas opiniones, el cotejo de fragmentos de textos de diferente índole, que puede mostrar las resonancias en los ámbitos de la Historia y de la Literatura que lo real maravilloso americano posee:
El 16 de marzo de 1781 estalló la rebelión de los comuneros en el Socorro, centro de una de las zonas económicas más activas de Nueva Granada. La multitud ocupó los depósitos, persiguió a los funcionarios, se apoderó de las rentas fiscales. (…) En la rebelión del Socorro actuó una masa que distaba de ser homogénea. (…) Apareció así un ala plebeya y revolucionaria de los comuneros encabezada por el mestizo José Antonio Galán. A esta altura la rebelión había tomado otra consigna: “¡Mueran los blancos!”, una expresión del alineamiento de los propietarios criollos – los “blancos”- con los colonizadores. En su campaña Galán ordenaba la libertad de los esclavos y hacia destruir los instrumentos de tortura que se usaban en las grandes haciendas. [La Revolución Clausurada; Christian Rath y Andrés Roldán]
Un día –Mackandal- daría la señal del gran levantamiento, y los Señores de Allá, encabezados por Damballah, por el Amo de los Caminos y por Ogún de los Hierros, traerían el rayo y el trueno, para desencadenar el ciclón que completaría la obra de los hombres. En esa gran hora- decía Ti Noel-la sangre de los blancos correría hasta los arroyos, donde los Loas, ebrios de júbilo, la beberían de bruces, hasta llenarse los pulmones. [El reino de este mundo; Alejo Carpentier]
Noel fue el negro que encabezó una de las luchas más importantes de los cimarrones de Fort Dauphin. Otro jefe cimarrón sobresaliente fue Francois Macandal, que- hacia mediados del siglo XVIII- logró huir del trapiche de Lenormand de Mézi, en el norte. En las montañas, nucleó a sus compañeros alrededor del Vudú. Era un gran orador, con fama de inmortal, iluminado y profeta. Un día, metió tres pañuelos en un vaso. Sacó el amarillo y dijo: “He aquí, los primeros habitantes de Saint Domingue eran amarillos. He aquí, los habitantes actuales, y enseño el pañuelo blanco. He aquí, en fin, los que serán los dueños de la isla; era el pañuelo negro.” Su influencia se extendió por todo el norte, que era lazona de mayor concentración esclava. En las veladas y prácticas mágicas se relataban las hazañas de Macandal, que finalmente fue apresado en enero de 1758. No obstante ser quemado en la hoguera, sus hermanos negros quedaron convencidos de que Francois no había muerto y que reaparecería para redimir a su gente. [Haití: primera nación independiente de américa latina; Luis Vitale en revista En Defensa del Marxismo N°34 Diciembre de 2006]

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