A todos lo que aceptaron la recomendación de leerlo; a los que lo harán a futuro

Por Pablo Testa

“Los Refutadores de Leyendas definen el fútbol como un juego en que veintidós sujetos corren tras de una pelota.

 La frase, ya clásica, no dice mucho sobre el fútbol, pero deschava sin piedad a quien la formula.

 El mismo criterio permite afirmar que las novelas de Flaubert son una astuta combinación de papel y tinta. ¡Líbrenos Dios de percibir el mundo con este simple cinismo!”

(Alejandro Dolina, Apuntes del fútbol en Flores)

Eduardo Sacheri es un caso raro en la literatura argentina contemporanea. No es un escritor salido de la UBA ni un best-seller inventando por alguna editorial. Para algunos, es “el de El secreto de tus ojos”; para otros, “el de los cuentos de fútbol”. Sacheri es eso, pero también mucho más.

Sacheri genera distintas respuestas: admiración o respeto, indiferencia, e incluso resistencia (para quienes consideran a la literatura de la pelota un género menor).

Pero para poder hablar de Sacheri hay que empezar con un paréntesis, que tiene nombre y apellido: Alejandro Apo. El periodista y relator, tenía dos programas de radio en Continental, “Todo con afecto” y “Dondequiera que estés”. Allí, como es su costumbre, leía cuentos y poemas. Desde Borges a Valdano, pasando por Bradbury y Cortázar. Un lujo. Allí mandó sus primeros cuentos Eduardo Sacheri. Entre esos cuentos estaba “Esperándolo a Tito”, un clásico ya de la literatura futbolera que tituló la primera de sus colecciones de cuentos.

La literatura deportiva tiene grandes exponentes. En la Argentina, Soriano y Fontanarrosa elevaron al fútbol al nivel de pasión literaria también. Son los que abrieron el camino a otros tantos escritores que decidieron valerse del deporte más popular en el país. Pero Sacheri, quién además es docente de Historia en colegios secundarios, no se quedó allí. No sólo tiene grandes cuentos que no refieren al deporte, sino que también a lo futbolístico lo elevó al nivel de la novela.

Cuando le hacen la típica pregunta a los escritores sobre sus escritores favoritos, Sacheri empieza siempre mencionando a Cortázar. También a Fontanarrosa y Soriano, y a Borges. De todos ellos ha tomado cosas. Sí, también de Borges.

Entre los cuentos de su producción destacan dos que no tienen al fútbol como tema central: “Frío”, sobre la guerra de Malvinas, y “Te conozco, Mendizábal”, sobre el bajo mundo porteño. Entrando ya en acción la redonda, están “Hechizo indio”, “Segovia y el quinto gol”, “La promesa”, un hermoso cuento sobre el fútbol y la amistad, “El Rulo y la Muerte”, “Ángel cabeceador”.

Otro elemento destacable es que su producción refleja el trabajo que requiere la escritura. No todos sus cuentos son grandes cuentos. Algunos los considero directamente malos, como “La vida que pensaba”. “Una sonrisa exactamente así” mezcla una gran historia futbolística con un encuentro ocasional demasiado edulcorado.

Sobre sus influencias, Sacheri siempre reconoció a Fontanarrosa como el autor de cuentos humorísticos o agradables alrededor del fútbol (“19 de diciembre de 1971”) y a Soriano como el costado más triste y melancólico, que solía escribir sobre partidos en pueblitos aislados del interior. Sacheri retoma de Cortázar el contar historias de personajes cotidianos, habituales. Pero también sus personajes son pequeños héroes en esas historias, más cercanos al héroe borgeano. Pequeños grandes héroes en ámbitos comunes, podría ser el resumen del estilo estilístico de Sacheri.

Pero hay más. Algunos cuentos poseen un grado de elaboración importante. En ese sentido, “Frío” tiene una capacidad casi borgeana de desarrollo, comenzando con una reflexión aparentemente trivial para ir adentrándonos en el mundo del relato, hasta culminar en una frase (que no voy a tipear, leanlo) que condensa todo el valor emotivo del cuento. Tranquilamente puede (y debería) incluirse en cualquier antología de relatos de literatura argentina contemporánea.

Pero la obra de Sacheri no se queda ahí. Su primera novela fue justamente La pregunta de sus ojos (2005) y le siguió Aráoz y la verdad (2008).

Papeles en el viento, de 2011, es una novela atrapante. La historia de un grupo de amigos que tiene que sacar agua de las piedras – en este caso, plata de un jugador de fútbol que era una promesa pero fracasó-  para poder ver a la hija de un amigo que falleció es emocionante. Escrita con un método de ida y vuelta en el tiempo ordenado, tiene la duplicidad de poder ser leída rápidamente, pero dejar una profunda huella en el lector. Taratuto filmó una aceptable película, pero el libro la supera por lejos.

Su siguiente novela dio un paso adelante en su capacidad de conmover, sin caer en ningún momento en golpes bajos. En Ser feliz era esto (de lectura más que recomendable) el protagonista descubre un día que ha sido padre sin saberlo, cuando su hija, ya de 14 años, le toca timbre en su departamento. La convivencia, el afecto y complicidad que se va creando entre ellos envuelve una novela extraordinaria, que provoca alternativamente lágrimas y risas.

En 2016 publicó su, hasta ahora, última novela, La noche de la usina, por la que ganó el premio Alfaguara de novela.

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