La fuerza del hombre contra la guerra

 Por Pablo Testa

 (Es difícil ordenar las ideas para hablar de una película tan conmovedora y expresiva. Cuesta además porque la intención de esta reseña no es reponer todo lo que hay en ella, sino convocar a verla).

 yo acusoAbel Gance es un director de cine francés de la primera mitad del siglo XX. Reconocido para los cinéfilos por su obra cumbre Napoleón (1927), un proyecto titánico de retratar la vida y obra del Emperador francés en seis películas, de la cual sólo pudo filmar la primera.

En 1919 Gacé ya había filmado Yo Acuso (J’ai acuse, seguramente tomado el título del clásico alegato de Zole) como película que mostraba los horrores de la Primera Guerra Mundial, en un acto de grandeza por lo cercano del fin de la guerra.

En 1938, Abel Gance decidió volver a filmar una versión de esta película.

 Para 1938, Hitler dominaba Alemania y era inminente la victoria de Franco en España. Mussolini gobernaba Italia desde 1922. El fascismo avanzaba en Europa con la complicidad del Stalin, acuerdos PC alemán y partido nazi y pacto Hitler-Stalin de no agresión mediante.

La Segunda Guerra Mundial se veía venir y Gance entendió que era necesario volver a levantar un potente alegato antibélico, un año antes de que estalle la 2GM.

 La potencia visual de Yo Acuso, versión 1938, es brutal. El film comienza en un pueblo francés defendido por sus tropas contra los alemanes. Las bombas caen permanentemente. Los hombres mueren trágicamente frente a la cámara.

Los protagonistas iniciales son un grupo de soldados a los que les es encomendada una misión suicida. Jean Díaz, uno de ellos, les jura a sus compañeros que esa será la última guerra de la humanidad. El grupo parte a la misión pero sólo Jean sobrevive, al mismo tiempo que suena el armisticio y el fin de la guerra.

La película da un respiro y acompaña a Jean en su vida en la Francia de post guerra. Pero el anuncio de una nueva confrontación bélica devuelve a Jean a su promesa. Jean anuncia a todos que él es el hombre que evitará la guerra, y para ello acudirá a todos los muertos de la Primera Guerra.

 El filme es de un expresionismo enorme. Las imágenes se suceden en pantalla, donde el sol, la noche, el humo de las bombas tienen una gran incidencia. No sólo se adelantó un año a la 2GM, sino que también lo hace 44 años a The Wall, Pink Floyd (el clásico musical retoma evidentemente muchas imágenes de este film).

Posee también un potente alegato antibélico en boca de Jean, que nos recuerda al de Charles Chaplin en El Gran Dictador, filmada dos años después.

 Yo acuso es una película que convoca desde su tema y fin así como de en su realización y perfección. Como dirían los formalistas rusos, forma y contenido son indivisibles.

 La película no se priva de diálogos poéticos y potentes como el siguiente, que sirve para cerrar esta reseña:

“Niña -¿Por qué papá no está?
Madre -Porque está en la guerra.
Niña -Yo quería que me traiga un rifle…
Madre -¿Por qué un rifle?
Niña -Para matar la guerra”

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Un comentario sobre “Yo Acuso (1938) de Abel Gance

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