Dicha existencia singular

Por Rafael Andreani

(Contiene algunos spoilers sobre el desarrollo de la serie. Vale la pena leerlo)

peak 1En la televisión actual abundan las series de alta calidad sobre la vida de gangsters y mafiosos de todos los tipos y colores. Los hay violentos, reflexivos, calculadores y, aunque no suelen aparecer demasiado, enamoradizos. Los hay quienes no merecen ninguna misericordia y están los que buscan redimirse y reinventarse: buscan otro camino en sus vidas, algo que los llene. Son personajes complejos, antihéroes que siempre poseen un código de honor que representa más una forma de manejarse que un compendio de leyes al cual atenerse. Son, en su mayoría y casi sin excepciones, personajes de la periferia, marginales, dentro de las grandes urbes del hemisferio norte capitalista. Son oprimidos y, a su vez, opresores. El gangster es muchas veces consciente de esta opresión que sufre: es capaz de ver los hilos que manejan a las masas desde los centros de poder de las ciudades y comprender las desigualdades del mundo que les rodea. Sin embargo, lejos están estos personajes dispuestos a cambiar verdaderamente su entorno: más que atacar esas desigualdades, deciden convertirse ellos mismos en los amos, en los más fuertes del lugar para poder sobrevivir. En la lógica capitalista, o devoran o son devorados por el entorno.

Por consiguiente, resulta llamativo el hecho de que estos personajes nunca decidan modificar el contexto social y económico del lugar del que proceden (hay que recordar el apego que sienten estos personajes por el lugar del que provienen); sino que su interés pasa por mejorar su condición social para intentar volverse hombres de negocios legítimos. Las pandillas y sus influencias reproducen, a escala local, zonal, la corrupción, el abuso y la injusticia producida por el sistema capitalista. No resulta ilógico, entonces, que, desde cierto punto de vista, se consideren dignos de pertenecer a la esfera de lo “legal” y “legítimo”. No obstante, no existe manera en que esta gente pueda pertenecer sin realizar sacrificios. Para convertirse en “hombres de ley” deberán cruzar líneas que van más allá de su comprensión. Este es el caso de Thomas Shelby, el líder de los Peaky Blinders, en la serie homónima de la BBC, una pandilla de origen gitano del norte de Birmingham. Este personaje intentará llegar más alto de lo que alguna vez soñó dentro de la jerarquía capitalista de su época.

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Thomas Shelby, interpretado a la perfección por Cillian Murphy, es el amo y señor de la ciudad de Birmingham durante la primera posguerra. Shelby es un hombre fuera de lo común: frío, calculador, duro, capaz de generar miedo en sus enemigos con solo una mirada. Veterano de guerra y amante de los caballos de carrera, Thomas lidera, junto a sus hermanos, a los Peaky Blinders, una pandilla de origen gitano que arregla carreras de caballos en la zona norte de la ciudad. En medio del humo y el fuego de las fábricas, los brummers (1), como también se hacen llamar, son los dueños del pub más importante de la zona industrial, tienen policías bajo su control y contactos en familias gitanas; como si fuera poco, también conviven con los comunistas y con los irlandeses republicanos. Entre estas tres facciones hay poca simpatía, la simple presencia del otro es suficiente para generarse malestar. Se miran con desdén y desconfían absolutamente el uno del otro a pesar de provenir del mismo lugar. Aunque Thomas comprende que quizá esté más cerca de los comunistas de lo que quisiera admitir, en cuanto al lugar que ocupan dentro del capitalismo, no comparte ni le interesan las ideas “fantásticas” que ellos divulgan (a menos que le traiga algún tipo de beneficio económico o alguna alianza). Thomas posee un solo objetivo en la vida: abandonar, de una vez por todas, el mundo en el que siempre vivió; su deseo es volverse legítimo. En otras palabras, hacerse un lugar entre las clases altas; pertenecer a los opresores. Es su mayor deseo, su peor obsesión.

Pero para “los de arriba”, Shelby es una piedra en el zapato, una existencia molesta que  les recuerda lo peor del mundo. Esa gente no tiene otro deseo más que evitar contacto con esa clase de seres humanos; pero saben que esas pandillas son necesarias para mantener las cosas en orden. Entonces, ¿es mejor acabar con él, con el capo de los muchachos de Birmingham, o utilizarlo para sus propios fines? El mismísimo Churchill entiende que Thomas puede serle útil y entonces decide conservarlo vivo. Y Thomas sabe que, si quiere subir socialmente, el gangster deberá aceptar las reglas del juego que la Corona le imponga ¡y vaya que lo hará sin dudarlo! Los “buenos muchachos” de Birmingham forman un imperio donde controlan desde su propia ciudad hasta el bajo fondo de Londres. ¿Cómo lo logran? Reproduciendo los modos y formas de “los de arriba”: forman alianzas que luego quebrarán, entregarán dirigentes sindicales y capos del IRA exiliados en la ciudad y sus alrededores a los Servicios de Inteligencia. Thomas Shelby entiende que para llevar a cabo su plan tiene que ensuciarse las manos, y a él no le importa ensuciarse las manos o vender a su familia para salvaguardarse a sí mismo.

peak 3

 

El Estado necesitará que este rufián se encargue de sus enemigos más peligrosos: los comunistas y los agentes soviéticos y los fenians (2) establecidos en suelo inglés. Podríamos preguntar, ¿acaso los Peaky Blinders no son peligrosos? Sí, son de temer, pero no para el Estado, puesto que a la banda de Birmingham no le interesa atacar las bases del sistema; no obstante, no resulta una mala idea mantenerlos a raya. Las pandillas o mafias son funcionales al Estado: se encargan de conseguir resultados en los escalafones más bajos, a cambio de cierto reconocimiento: licencias para tomar apuestas, para ¡importar y exportar partes de auto! Así, Thomas Shelby o cualquier otro mafioso, se encargará de los enemigos del Rey (o del Estado), aunque no lo mueva ningún tipo de sentimiento nacionalista, sino el deseo de darle otro significado a su existencia.

Dijimos más arriba que muchos de estos pandilleros son antihéroes y que ocurre muchas veces que el espectador no sabe bien qué postura tomar. Cierto es que en la serie, ni Thomas Shelby ni sus hermanos son, en gran medida, inocentes. Pero tomando en consideración todos los aspectos, el espectador reconoce en ellos la voluntad de salir adelante, frente a la realidad que les tocó. No de la mejor manera, sino muy lejos de eso, se adaptaron a la vida en las calles hasta que ellos mismos pudieron torcer un poco se propia realidad. Thomas, al contrario que la mayoría de los protagonistas de estas series, se encontró más cerca que nadie de quedar libre de los hilos que lo atan a su estilo de vida. No es un personaje redimible, salvo por aquellos miembros de los Servicios del Estado que le ordenan ensuciarse las manos de sangre, pero uno no puede no conmoverse cuando, estando en manos de tres miembros del comando irlandés Red Right Hand (3), Thomas empieza a mirar el horizonte, riendo.

Está a punto de ser ejecutado por asesinar a un oficial del ejército, por orden del Servicio Secreto y sabe que no tiene escapatoria. Mientras sus verdugos preparan su tumba, él no deja de reír y pensar en lo cerca que estuvo de lograrlo. ¿Qué es lo que estuvo cerca de lograr? Cerca de tener todo aquello que le hubiera permitido salir de aquella vida para siempre. Ríe y grita, irónicamente, lamentándose lo cerca que estuvo de alcanzar su libertad. Pero sabe que su forma de vida no puede acabar bien, y se dispone, sin dar rodeos, sin luchar, a ser ejecutado. Se escuchan dos descargas y dos de los soldados irlandeses caen muertos: el tercero, su salvador (o traidor), le dice a Thomas que aún no es su tiempo y que Churchill todavía tiene necesidad de utilizar sus servicios. Thomas Shelby se vuelve a convertir en una herramienta más de los Servicios de Inteligencia de Su Majestad, su vida ahora está en manos de esa gente que se mueve en todos los círculos y ámbitos de la sociedad. Thomas Shelby finalmente comprendió que nunca fue ni será amo de su propio destino ni podrá definir el rumbo que le dé sentido a su propia y singular existencia.

peak 2

1 Brummer es el gentilicio con el que se denomina a los habitantes de Birmingham y también es el nombre del acento que habla la mayoría de los Peaky Blinders. En la serie, para referirse a los mafiosos londinenses, utilizan, también, el término cockney
 
2 Fenian es un término que se utiliza para denominar a los irlandeses que apoyaban el proyecto republicano, en oposición a la Corona. Actualmente casi no se utiliza salvo como término despectivo.
3 Red Right Hand se traduce como la Mano Roja de Ulster, localidad de Irlanda del Norte. Fue utilizada originalmente por los nobles que llevaron a cabo la Plantación (Ocupación) de Ulster para asegurar el dominio británico sobre la isla de Irlanda.
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