FB_IMG_15379047698222017El Fausto de Estanislao del Campo es una obra excepcional. Y lo es en un sentido muy especifico. Del Campo decidió basar su obra en el quiebre del pacto ficcional, el acuerdo entre lector o espectador y obra de la ficcionalidad de lo que sucede en ella. No es verdadero ni falso, es ficcional.

El Pollo, el protagonista de este Fausto criollo, toma por cierto todo lo que ve en la obra teatral. Y no es cualquier obra. El propio diablo es uno de los protagonistas. “La otra noche lo he visto al demonio” (I, 157-158) dice el Pollo a su amigo Laguna al comienzo del relato.
Por las páginas del Fausto de Del Campo se expresa la sorpresa ante las acciones del mandinga, como se le dicen en los pagos.

Cuando el Laguna le recrimina la poca credibilidad de lo que el Pollo le cuenta, este responde a uno de los más antiguos argumentos: se lo digo yo. Lo vi con mis propios ojos: “No crea que yo le miento: lo ha visto media ciudá” (II, 163-164) La ruptura de la ficción se expande.

Estanislao del Campo fue un militar, que tras su retiro se dedicó a las letras. Hijo de una familia adinerada, aplica a la afirmación de Borges cuando el Maestro explica que la gauchesca son hombres cultos escribiendo con el lenguaje del payador.

Y esa es la otra gran cualidad del Fausto: la capacidad literaria, estética del autor. Y así lo demuestra cuando describe la llegada de la noche “y la noche se acercaba, su negro poncho tendiendo” (V, 131-132)

por Pablo Testa.
25/9/2018

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