Hace años ya que Walter Benjamin y Theodor Adorno se encargaron de discutir el papel de la materialidad en la obra de arte. En su interacción con el público. La individualidad de la obra se esfumaba en la posibilidad de las copias. La tecnología permitía que aquella obra única se dividiera en decenas o centenas de pequeñas copias. Puede discutirse si aquellas copias constituían a la vez obras de arte (no originales) o meros elementos utilitarios, recuerdos de estantería o postales. Lo que no se podía negar es la masividad que la obra adquiría con esta nueva característica.

La tecnología ha avanzado y con ella la manera del publico de interactuar con el arte. El supuesto oximorón del titulo, lo en vivo – diferido no lo es tal para quien ha estado en un museo, un recital, una tertulia literaria. Tomemos como ejemplo la pintura. En cualquier muestra de pinturas, al menos en la Ciudad de Buenos Aires, una parte importante del publico ve la obra a través de la pantalla de su celular o cámara de fotos. No es la obra en si lo centra de su experiencia, sino lograr un recuerdo de ella. Recuerdo no mnémico, de la memoria, sino material. Y no cualquier recuerdo material, puesto que podría bastarle con una postal de la sala de ventas. Busca crear su propio recuerdo. El espectador pretende volverse un elemento activo (como si el mirar fuera pasivo, y no implicara desde una gestalt a un reordenamiento mental y a una significación de lo que se esta viendo). Pero no, el espectador que puede sentirse pasivo pretende volverse un elemento activo en la construcción de ese recuerdo. Él saca una foto. Delimita un campo. Hace un recorte. Un cuadro, varios o un detalle. La importancia ya no radica en la obra, sino en la acción del espectador.

Quien esto escribe ha sido testigo de esta actividad, y evita ser un elemento activo de ella. Yo sólo me remito a tomar nota de los cuadros que me gustan para luego buscar una imagen-copia en internet. Luego de una primera ronda con este método, guardo el celular y realizo una segunda ronda d pura observación.

Buscarle un carácter positivo o negativo a este acontecimiento puede ser arbitrario. Si uno cree que es negativo, podría pretenderse que los museos tomen nota y limiten el uso de cámaras y celulares. He sido testigo de lo que quizás sea el caso mas extremo de esta nueva manera de mirar. Estando en la Garganta del Diablo (en las Cataratas de Misiones), una verdadera obra de arte de la naturaleza, he visto como algunos solo veían semejante espectáculo a través de sus pantallas. No sacaron la mirada de la pantalla para ver la Garganta directamente con sus propios ojos.

La discusión sobre si la obra puede ser reemplazada por una copia, sigue abierta

museo museo

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